25 de set. de 2015

“Una requisa, negro”! sobre amnesia, privilegios y verdad racial en tiempos de cólera


Por Jaime Amparo Alves[1]

“Ser negro y consciente es estar en un estado de cólera permanente”
(James Baldwin)


El desahogo de CarlosAlberto Angulo Góngora, un hombre negro de 33 años, frente a patrulleros de la Policía Nacional que lo intentaban requisar en el centro de Bogotá, ha causado un gran debate en los medios de comunicación y medios sociales de Colombia. La sorpresa y alboroto en las redes sociales revela otro escándalo: el  privilegio racial de una sociedad civil indiferente a la condición infra-humana/sub-ciudadana de las gentes negras del país. Es como que de repente se descubrió que hay racismo en Colombia.  Y lo descubrió porque dos agentes de la policía hicieron en público lo que la sociedad hace diariamente con lo que uno puede llamar “el cuchillo suave”[2] del racismo cotidiano.

Colombia, como los demás países de America Latina, es un país brutalmente racista: los negros están subrepresentados en los espacios de privilegio y poder. La proporción de negros en las universidades públicas colombianas consigue ser más vergonzosa que la brasileira. Las cadenas de televisión mas parecen que están en Suiza con su obsesión en presentar  en las pantallas un país blanco. Según Afrodes (Asociación de Afrodescendientes Desplazados), de los más de 6 millones de desplazados por el conflicto armado, 2 millones son negros[3]. Departamentos como Choco y Nariño  registran indicadores sociales como analfabetismo, falta de acceso a la salud, desnutrición crónica ymortalidad infantil que deberían por lo menos hacernos todos llorar[4]. Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, (CIDH) revelaba en 2009 que 27% de los adolescentes afrocolombianos no tienen acceso a la educación media. Ahora en 2015 la CIDH llamó la atención de las autoridades colombianas sobre la grave situación en las ‘zonas de conflicto armado’: el desplazamiento forzado, el asesinato y la violencia sexual siguen siendo una estrategia de guerra en contra de los territorios negros. El asesinato de Gilmer Genaro García Ramírez, en el último mes de agosto es solamente uno de los muchos casos de asesinato de líderes negros y negras en la región del Pacífico Colombiano[5].

Si es verdad que desde la abolición de la esclavitud, hace un siglo y medio, no hay discriminación formal en Colombia (en verdad el país es uno de los más progresistas en términos leyes que garantizan políticas multiculturales), la realidad muestra que el racismo no es una excepción como  nos quieren hacer creer los medios de comunicación con lo que le pasó a Carlos Angulo. Faltan negros en los espacios de poder y privilegio. Sobran negros trabajando en el ‘rebusque’ en las calles o en la servidumbre neocolonial en el empleo doméstico. La tensión racial, enmascarada en el discurso de la cordialidad, puede ser vista por ejemplo en el hecho de que taxistas de Bogotá seleccionan sus pasajeros de acuerdo con el color de la piel,[6] o, en lo que una socialite caleña lo dejó   escapar en entrevista a la revista espanola “Hola”, no somos racistas, “en Cali trabajamos con personas de color".[7]  O sea, “las personas de color” son bienvenidas…. Con tanto que sepan su lugar en el orden social. 

Foto del periodico "El Espectador" denuncia la discriminación racial en la capital colombiana. Foto: Luis Fernando Valencia

Amnesia y verdad racial

Carlos mismo dejó explicito que su ‘encuentro racializado’ con la policía no es una novedad. “Parece que este país no tiene ningún antecedente de racismo….si vemos la historia  de Colombia, ha sido racista, completamente racista con el pueblo negro. Ha esclavizado  por 350 años el pueblo negro y lo tiene en condiciones de vida parecida a 150 años  aun que nosotros seamos supuestamente, ante la ley, considerados hombre y mujeres libres”, dijo en entrevista a la Radio Minga Web. 

¿Por qué entonces el escandalo frente el video de un hombre negro siendo requisado por dos agentes de la Policía Nacional? Porque la sociedad no se escandaliza con los índices insidiosos de calidad de vida de la población afrodescendiente en la orilla del rio y en el casco urbano de ciudades como Cali, Buenaventura, Bogotá…? El vídeo llama la atención no por lo que es (un gesto mundano, ordinario, normalizado de una persona negra más siendo humillada en una calle de una ciudad cualquiera). El vídeo causa perplejidad a la sociedad civil blanco/mestiza porque no se esperaba que ‘el negro’ levantara la voz y rechazara ser víctima del racismo cotidiano. El video llama la atención porque la violencia de la policía es una violencia pornográfica, explicita, al contrario de la violencia cotidiana silenciosa en la cocina de las elites, la violencia de la representación estigmatizada de la infancia negra en los libros didácticos, en el asesinato de la auto-estima de los jóvenes negros en los medios de comunicación, la segregación espacial de las ciudades racialmente divididas.

Un paralelo perturbador con la realidad brasilera: en mayo de 2012, Paulo Sergio, un hombre negro, escaló el lastro de la bandera brasilera en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia, gritando: “Brasil es una patria asesina! Brasil  mata a los negros!”. Su denuncia causó  alboroto semejante y fue  presentada en los medios brasileños   como un acto de trastorno   mental, aunque Paulo Sergio tenía  toda la razón. Entre 2002 y 2012 el país del futbol ha asesinado a 272,000 negros/as. En el nordeste brasileño, la tasa de homicidios de jóvenes negros es de 80 para cada 100,000, mientras que a de los jóvenes blancos es de 17/100,000[8]. Obviamente muchos de los asesinatos no tienen el envolvimiento  de la policia, aunque las fuerzas policiales de Brasil han asesinado a 11, 197 personas en los últimos diez años y 70% de estas eran negras[9].




Como en Colombia, la violencia homicida de las ciudades brasileras es también una violencia racializada que le roba años de vida a las personas negras. Como en Colombia, la sociedad civil brasileira responde con indiferencia a la tragedia diaria del racismo anti-negro. La condición negra es una condición tan precaria y a lo mismo tiempo tan ‘natural’que la reivindicación de ser ciudadano, presente en el gesto de Carlos Angulo y en la protesta solitaria de Paulo Sergio, no lo conmovió a nadie. Que Brasil sea una patria asesina de negros es algo tan natural que el dicho popular trágicamente reproducido hasta por las victimas del racismo es que ‘derechos humanos son para los humanos’ y que los negros son ‘elementos sospechosos’, y que los que reclaman son “acomplejados”.¿Alguna coincidencia con Colombia?

Luchar para ser incluido en la comunidad ‘humana’ (quiere decir, ser reconocido como humano) parece algo inconcebible para el siglo XXI cuando mirado desde la sociedad civil. Sin embargo, mientras otros grupos se organizan para luchar por derechos sociales  bajo categorías como “trabajadores”, “campesinos” y “ciudadanos”, los negros y negras (en Brasil, en Colombia, y en toda América Latina) todavía luchan por ser reconocidos como humanos. Esta es la distinción fundamental que ni mismo la mas progresista izquierda latino-americana ha comprendido. La condición negra es la condición paradigmática del “no-lugar”, o, utilizando una expresión cara a Frantz Fanon, los negros ocupan la “zona del no-ser”[10]. Raza tal vez no explique todo, pero raza sigue siendo una herramienta de dominación importante en nuestro régimen racializado de ciudadanía.

Es por esta lógica que uno puede entender el desahogo de Carlos Angulo frente a la interpelación racial: “una requisa, negro”. Obviamente que “negro” aquí no es solamente un adjetivo (cualquiera que sea la connotación empleada) es más bien un marcador fundamental de la distinción entre humano y no-humano, ciudadano y delincuente. Esa doble negación, ni derechos ni humanos, es lo que uno capta de la frustración y del grito de rabia de un “negro” detenido en su camino al trabajo, mientras los “ciudadanos” siguen libres ejerciendo su derecho de ir y venir. Las dos categorías “negros” y “ciudadanos” son irreconciliables porque la nación no es hecha para los negros/as. Como lo dice Carlos “nosotros los negros hemos hecho una enorme contribución a la construcción de la nación pero no respetan nuestra humanidad”. Este es el impase histórico para Colombia, para Brasil y para la América Afro-Latina. ¿ Donde situar a las gentes negras en el proyecto de la nación? En este sentido, los dos patrulleros de la Policía Nacional han prestado un servicio a Colombia: han expuesto la verdad racial que produce identidades patologizadas y sostiene privilegios en la tierra del realismo mágico.


Notas:



[1] Jaime A Alves es profesor de antropologia de la City University of New York/CSI y miembro del movimento negro en Brasil. Es también investigador asociado del Centro de Estudios Afrodiasporicos (Grupo Interseccionalidades)  de la Universidad Icesi. Email: amparoalves@gmail.com
[2] Por supuesto no es tan ‘suave’. Aun que en otro contexto, estoy tomando de préstamo la expresión a Arthur Kleinman y Veena Das. ‘Remaking a World’. U California Press.
[3] En “Afrodes Statement on Colombia Peace Process, disponible en http://colombiapeace.org/2014/06/26/afrodes-statement-on-colombia-peace-process/
[4] Para un reciente análisis de la condición racial en Colombia , ver por ejemplo el Boletin Polis/Universidad Icesi., ano 9, n.13.  Disponible en http://issuu.com/polisicesi/docs/boletinpolis_13_final_final/24?e=1176296/13116452
[5] OEA, ‘CIDH condena asesinato de líder afrodescendiente en Colombia’, disponible en http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2015/094.asp
[6] El Pais, “¿Hay un acuerdo ‘racista’ entre los taxistas de Bogota? Disponible en http://www.elpais.com.co/elpais/colombia/noticias/taxista-bogota-dice-presta-servicio-afrodescendientes
[7] La Semana, “La foto de la Discordia”. Disponible en http://www.semana.com/nacion/articulo/la-foto-discordia/250614-3
[8] Indice de Vulnerabilidade http://g1.globo.com/politica/noticia/2015/05/jovem-negro-tem-25-vezes-mais-chance-de-ser-morto-diz-relatorio.html
[9] La prensa. ‘Policía de Brasil mata a 11 mil 200 personas en cinco años’. Disponible en http://www.prensa.com/mundo/Brasil-Policia-mata-personas-anos_0_4070592901.html

[10] Frantz Fanon, ‘Black skin, white masks’. Grove press, 2008. Aqui estoy tambien en dialogo con la critica hecha por el movimiento teorico “afropesimismo” liderado por Saidiya Hartman y Frank Wilderson entre otros.

4 de set. de 2015

Narrativas da violência: a construção da masculinidade negra em "Cidade de Deus"


Voce já assistiu o filme "Cidade de Deus"? Como os negros e negras são representados na produção de Fernando Meirelles and Kátia Lund? Qual o impacto da representação patologica da gente negra no cinema brasileiro? Neste artigo explore algumas das artimanhas do racismo brasileiro. Argumento que o corpo dos homens negros é um campo polissémico no qual a dominação racial branca escreve significados patológicos como “bandidos”, “perversos”, inimigos da ordem publica. Por fim, a desumanização simbólica do corpo negro abre caminho para a sua eliminação física. Massacres nas favelas, portanto, são apenas uma outra face do mesmo script. Para ler o texto, Clique aqui!



30 de jul. de 2015

Delinquência Jornalística: mídia corporativa, manipulação editorial e ódio ao Partido dos Trabalhadores

Por Jaime Alves e Raquel de Souza

A delinquência jornalística da grande mídia brasileira não tem limites. A mídia brasileira é um desastre ético-moral. Exemplo? Surpreende a agressiva campanha para destruir a biografia do ex-presidente Lula da Silva e tornar inviável o já desastroso segundo mandato da presidenta Dilma Rousseff. A segunda tarefa é relativamente fácil. Dilma e sua equipe parecem resignados a morrer abraçados a um projeto político que busca apaziguar o “Deus-Mercado” com ajustes e concessões que afetam diretamente os mais pobres. Se por um lado as ações do governo para minimizar a “crise” internacional são deturpadas no noticiário econômico, por outro o governo abraça a “liberdade de imprensa” como um valor absoluto que, portanto, não pode ser confrontado. Dilma continua na firme e autofágica crença de que o controle remoto é o melhor regulador dos meios.

Que a regulação da mídia não seja pauta do governo não surpreende, principalmente em função do esfarelamento da base aliada. O que não é óbvio ou racional é a sua estratégia política de comunicação. O acordo para flexibilizar jornadas de trabalho e evitar demissões é deturpado pela mídia e se manifesta na boca do povo como “governo reduz salários dos trabalhadores”; uma vez que o governo não reclama para si as operações da Polícia Federal, elas são canibalizadas pelo noticiário como ações contra o governo “mais corrupto da história”, e não como um trunfo da transparência no combate à corrupção. A biografia de Dilma Rousseff autoriza a presidenta a ocupar a rede nacional de televisão e apresentar à sociedade um saldo de todas as ações da PF esvaziando o discurso moralista da oposição e da mídia corporativa. Dilma, ao contrário, parece resignada a conceber a PF como uma entidade exógena ao seu governo.

No caso do ex-presidente Lula da Silva, o empenho da mídia para criar factoides revela um amadorismo insultante. O Globo e a Época, por exemplo, têm se esforçado para encontrar um elo entre Lula e a Operação Lava Jato. Requentar matérias antigas, fazer associação entre eventos díspares, sobredimensionar procedimentos-padrão do Ministério Público dando vazão às ambições pessoais de procurador com carreira profissional no mínimo curiosa, e o esforço orquestrado no campo semântico para que termos como “crime”, “corrupção” e “corrupto” sejam incessantemente associados ao Partido dos Trabalhadores e ao seu líder máximo fazem parte do esforço concertado de destruição da biografia de Lula e da trajetória do PT.

Autoritarismo e intolerância

Agressiva em seu esforço em associar Lula aos escândalos políticos, a revista Veja já chegou ao extremo de invadir a casa de parentes do ex-presidente para revelar uma suposta festa milionária do seu sobrinho. Desmascarada a fraude, a revista soltou uma nota de algumas linhas se desculpando ao presidente e à sua família “por quaisquer transtornos que possa ter ocasionado”. Veja minimiza o incidente como “um transtorno”, um errinho do repórter Ulisses Campbell, autor da matéria fantasiosa.  

Veja está bem acompanhada no que diz respeito à delinquência da imprensa brasileira. Do “podemos tirar se quiser”, da agência de notícias Reuters em referência aos escândalos na Petrobras sob o governo FHC, à omissão do nome do senador José Serra – pelo Estadão – em anotações de Marcelo Odebrecht identificadas pela Polícia Federal, a imprensa brasileira vai se especializando cada vez mais em produtora de fraudes jornalísticas. Se o discurso da imparcialidade ainda era vendido como estratégia de propaganda, agora, mais do que nunca, a imprensa está “transparente”. Transparente, para não deixar dúvidas, no sentido de nua, sem verniz, sem compromisso com o mito que a legitimava. De rabo preso com o entrevistado, a Folha de S.Paulo nos dá a dimensão exata desse abandono do “mito”: os documentos vazados pela PF dão conta do “acerto” entre a assessoria de Marcelo Odebrecht e o repórter da Folha para realizar uma entrevista leve, sem assuntos polêmicos e que oferecesse a oportunidade para o empreiteiro “dar seu recado”.

Até mesmo o Jornal Nacional, que em reação à queda de audiência modificou o seu formato para ficar mais “informal”, tem utilizado o recurso de concentrar as notícias relacionadas à Operação Lava Jato no horário próximo à novela das 9, quando os telespectadores mais céticos em relação ao discurso anticorrupção começam a sintonizar para assistir à novela do horário nobre. O ator-jornalista William Bonner aparece agora mais cordial e mais consternado com a “praga da corrupção” que assola o país.

Globo e companhia alimentam um protofascismo que se expressa tanto na estigmatização dos beneficiários de programas sociais, como o Bolsa-Família, como também nas ameaças a figuras e simpatizantes do PT em espaços públicos. A misoginia é outra manifestação deste processo alimentado pelo frenesi anti-pestista. Dilma tem sido criticada não apenas por ser presidenta, mas por ser mulher “severa”, intransigente”, inflexíveis”, características consideradas positivas em chefes de Estado do sexo masculino. Movimentos como o “Vem pra rua”, mobilizados em torno do perigoso patriotismo verde-amarelo, e o panelaço contra a presidenta Dilma expressam também o autoritarismo e a intolerância que chocam o ovo da serpente.

Sofisticação tecnológica e canalhice editorial

Os desdobramentos da Operação Lava Jato podem até comprovar as “sentenças” já decretadas pela mídia corporativa. Pode ser que as investigações tragam à tona novos escândalos envolvendo figuras proeminentes do Partido dos Trabalhadores. Ainda assim, Lula da Silva já é um fenômeno por sobreviver a uma máquina de guerra brutal, sem regras mínimas de combate. Vários nomes do PT foram e talvez sejam condenados, mas Lula, com seu capital político, continua sendo o alvo principal da saga golpista. Dificilmente Fernando Henrique Cardoso, seu antecessor, sobreviveria a tamanha voracidade midiática. Imagine, se puder, o tempo de sobrevida política de alguns opositores de “tudo que está aí” se a imprensa dedicasse tamanha diligência para desvendar suas práticas predatórias? Um dos papéis fundamentais da atividade jornalística é fazer perguntas. No entanto, a imprensa se recusa a fazer algumas perguntas cruciais para entendermos a corrupção no Brasil porque ela teria que se colocar no lugar incômodo de questionar suas próprias práticas delinquenciais não apenas no jornalismo criminoso, mas também no campo fiscal, como os escândalos da Fifa, do HSBC e de fraudes na Receita Federal.

Os estudiosos da mídia podem discordar sobre o papel dos meios na construção de consensos, aquela velha discussão ainda não resolvida entre o que Umberto Eco chamou de “apocalípticos e integrados”. As quatro vitórias petistas – com o peso das articulação políticas nas redes sociais – seriam um exemplo de que os consumidores de notícias não são agentes passivos. Eles estrategicamente negociam, recusam, dão outro significado, e principalmente produzem contra-narrativas.

Talvez estejamos entre os “apocalípticos”, mas o eco das palavras “mensalão”, “corrupção”, “Petrobrás” e “Lava Jato”, incessantemente repetidas, criou uma rede de significados na qual o Partido dos Trabalhadores está aprisionado. Se por um lado os eleitores do PT são discursivamente associados à miséria, ao voto de cabresto e ao analfabetismo político – Diogo Mainardi, Cristina Lobo e Merval Pereira merecem crédito aqui –, por outro, a mídia fomenta e dá vazão às frustrações de uma classe média ressentida com as (ainda que precárias) conquistas sociais dos últimos doze anos. Os espaços quase monocromáticos da classe média branca começaram a ser parcamente diversificados em função de programas sociais que começaram a arranhar a hierarquia perversa do país. Nesse âmbito, para tal crime não há absolvição.

Na verdade, a narrativa midiática de estigmatização dos eleitores do PT não vem de hoje. Ela começou lá atrás e talvez tenha ficado mais pornográfica nas últimas eleições quando o Nordeste foi “responsabilizado” pela eleição de Dilma, ainda que Aécio Neves tenha perdido em seu estado natal e no Rio de Janeiro, seu estado de residência. O movimento de ruptura democrática estimulado pelas forças derrotadas nas eleições de 2014 revela não apenas uma vocação autoritária, como também uma terminante recusa a aceitar que na democracia o voto de membros de diferentes classes sociais tem o mesmo valor. O esforço midiático de demonização do PT, aliado ao impopular ajuste fiscal, se reflete nos índices perigosíssimos de aprovação do governo Dilma Rousseff, criando terreno fértil para a supuração de articulações políticas que almejam o impeachment.

Se as eleições de 2014 não foram suficientemente “sofridas” para levar a presidenta Dilma Rousseff a repensar as estratégias de comunicação do seu governo, elas pelo menos serviram para deixar os campos muito mais demarcados no que diz respeito à mídia corporativa: a prática jornalística, como trabalho de investigação criteriosa, checagem de fontes e equilíbrio de perspectivas, foi definitivamente abandonada. O que temos agora é a criminosa e calculada produção de verdades, sem consequências para as empresas jornalísticas. Uma mera nota de rodapé, na edição seguinte, já faz parte do cálculo do jornalismo delinquente. Quiçá o momento presente não seja tão mau para as forças progressistas do país. A mídia corporativa está desnuda: sofisticação tecnológica e canalhice editorial.
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originalmente publicado em Observatório da Imprensa, Disponível aqui: http://observatoriodaimprensa.com.br/imprensa-em-questao/a-grande-midia-e-o-odio-ao-pt/

22 de set. de 2014

Fúlvia Rosemberg: Honrar a vida e reafirmar a luta!




A academia brasileira perde uma das suas mais brilhantes mentes. A luta pela democratização do acesso à universidade pública perde uma lutadora incansável e nós do Programa Bolsa, perdemos nossa maior aliada politica. O mundo fica mais pobre sem Fúlvia Rosemberg e não há homenagem à altura da sua história. 

Queria escrever um texto diferente, homenageando a Fulvia em vida. Ela iria reclamar da minha homenagem, mas essa história de escrever texto post-mortem enche o saco ainda mais, estou certo que diria. O diabo é que, apesar da morte estar escrita em edital, como diria Guimarães Rosa, ela é uma tragédia quando a vida é arrancada de nossas mãos. Fulvia tinha muitos planos de inclusão das gentes negras e indígenas no ensino superior.

Daí porque sua morte repentina deixa um vazio ainda maior. Meu relato pessoal é uma tentativa desesperada de fazer sentido da sua ausência.
A última vez que enchi sua paciência foi em 2012 quando o MEC estava desenhando uma proposta de ações afirmativas para o mestrado. A Fúlvia ofereceu sua experiência intermediando um diálogo com a gente da militancia e a assessoria do ministro da Educação para nascer uma experiência que imita o Programa Equidades, da FCC/Fundação Ford.
Nossa Fulvia em um dos inumeros debates pelas cotas raciais

Fúlvia não apenas acreditava na diversidade como um imperativo ético-moral, para além das pesquisas acadêmicas. Ela também acreditava na mudança de paradigmas produzida por nossa presença nos espaços tradicionalmente brancos de produção de conhecimento. Nesse sentido, ela era incansável em chamar a atenção para que fôssemos “ousados” e aproveitássemos o que o programa tem a oferecer. No último encontro dos/das bolsistas em São Paulo do qual participei, Fúlvia demonstrou preocupação com uma certa inércia em defender o programa, investigar seus impactos, produzir conhecimento sobre a experiência singular do maior programa de ações afirmativas no Brasil. Ela dizia, por exemplo, que apesar de um banco de dados extraordinário, poucos bolsistas havia feito análises sobre o programa. 

Minha dor maior é não poder mais contar com a generosidade acadêmica

e a crítica honesta
da Fúlvia, artigos de luxo em um mundo acadêmico marcado pela competitividade doentia e a insegurança predatória. Fúlvia não hesitava em compartilhar ideias, em discutir detalhes, em pedir prudência com publicações imaturas. “Ser ousados e ter senso da realidade”, dizia. Deveríamos nos lançar ao mar, mas ter consciência de que os olhos do mundo estavam sobre nós e sobre o programa. Minha experiência pessoal: briguei com a Fulvia por não ter um artigo aprovado para a coletânea do Programa Bolsa. Esperneei, disse que tinha posto muito trabalho ali, disse os-do-fim. Fúlvia brigou, retrucou e depois me assegurou: Jaime, nesse momento em que os olhos da elite conservadora estão sobre o programa bolsa, é preciso ser mais criterioso, revisar, revisar e revisar. Ela estava certa e oxalá tivera seguido seus conselhos um pouco antes. Ah, Fúlvia!

Mas a Fúlvia também estava lá quando a coisa ficava feia. No auge dos ataques do PCC, em 2006, desde os Estados Unidos eu escrevi um texto jornalistico argumentando que os ataques eram uma violência legítima de uma população carcerária massacrada pelo Estado penal. Houve quem, do alto de sua posição de professor acadêmico de uma certa antropologia carioca, ligasse para a Fulvia e para o escritório da Ford em Nova York para reclamar do meu incitamento a violência. Fulvia apagou o incêndio e salvou minha bolsa.

Devemos a Fúlvia Rosemberg uma homenagem por sua investigação pioneira sobre a escola como lócus de produção das desigualdades raciais e de gênero, por sua agenda feminista, por seu papel fundamental na luta pela igualdade de direitos e de oportunidades na pós-graduação brasileira, por aceitar os ossos do ofício em um programa sob permanente ataque do lado de cá e do lado de lá. Honrar a vida da Fúlvia é aceitar a generosidade acadêmica como princípio político e não perder de vista a nossa responsabilidade com quem vem por aí. Reconhecendo a sua aposta política em um programa de intervenção estratégica com impacto ainda por ser mensurado, eu me permito estar doído e zangado com a Fúlvia. Sim, a morte está escrita em edital, mas não era esse o script nem era o tempo. Fúlvia Rosemberg, presente!

Jaime A Alves